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sábado, 21 de marzo de 2020

En marzo del 2020 ocurrió algo inpensado.
El mundo se arrodilló ante un enemigo invisible y poderoso.
"Es un monstruo grande y pisa fuerte."
Es el comienzo.

Se escucha una música en esta noche desierta...

Estoy en mi casa, transitando una cuarentena necesaria que me sumerge en la revelación de reconocer que soy absolutamente vulnerable dónde los proyectos quedan relegados y los sueños rotos se esconden detrás de su recuerdo.

La noche grita y la luna, que ya no es la misma, me mira escondiéndose tímidamente detrás de las ramas de los árboles que, furiosos, me advierten que se acerca una tormenta.
¡Una gran tormenta!

Y me doy cuenta que debería haberle dicho lo que nunca le dije...

Porque el mañana es incierto y el siempre no dura para siempre...

Miguel Morata

sábado, 7 de marzo de 2020

Nunca dejes de escribir

Hace unos días estaba sentado en un bar de Laferrere haciendo tiempo para presentarme al final de una materia, yo estoy estudiando literatura y era tiempo de finales.

Ya eran casi la cinco y media de la tarde así que guardé las hojas en la carpeta cuando sonó mi celular y vi que tenía una notificación de facebook.

La miré, nada importante, pero había una sugerencia de amistad, esas que te presentan otros contactos que en realidad a la mayoría no conocés, pero había una imagen y un nombre que me hicieron abrir los ojos apenas lo vi...

A Verónica la conocí una noche en una esquina de la avenida Simón Pérez  de González Catán en el año 1992.

Caminaba casi al lado de mí y vi que había tropezado y se le cayeron varios libros, me acerqué y la ayudé a levantarlos; en ese momento nos presentamos.

Nos contamos que escribíamos y no pudimos dejar de hablar.

Caminar por Simón Pérez en aquellos años era muy relajante porque era una avenida que estaba bordeada de árboles y casas quintas, así que esa noche de verano caminamos bastante hablando de literatura, de cuentos, de poesía y sobre todo de sueños.

La acompañé hasta su casa a dos cuadras de la estación de tren de Catán.

¿Te animás y un día de estos nos juntamos para intercambiar ideas?, me preguntó.

Claro, ella sabía escribir muy bien y yo en realidad era un aprendiz.
Cada vez que compartíamos algún cuento yo terminaba frustado porque no lograba plasmar en la hoja lo que tenía en mi cerebro.

Tal vez porque ella ya había leído a Borges y yo recién ahora lo estoy entendiendo gracias a mi paso por el instituto de literatura...
Diferencias culturales, intelectuales...seguramente...

"No sé cómo hacer para que este párrafo sea el que introduzca a la historia." en ese momento mi cara de frustración era tragicómica; realmente me sentía un inútil.

"Shhh, nunca dejes de escribir".
Me decía consolándome.

Y agarraba la lapicera y me ayudaba a modificarlo con una dulzura que me envolvía poco a poco.
Yo, a veces, mientras prestaba atención a lo que ella indicaba me perdía en sus ojos.

Los días que nos encontrábamos era el momento dónde me nutría. Intercambiamos libros y escribíamos poesia...

"Voy a escribir algún día sobre tu sonrisa" le dije y ella sonreía más.

Una noche que nos encontramos en "La mosca", un bar del km 35 de la ruta 3, saqué mi cuaderno porque había escrito el cuento que le había prometido. Ella estaba nerviosa, me di cuenta que intentaba disimularlo.

"Voy a viajar a España con mi familia." me lo tiró así, sin anestecia. Yo la miré y guardé mi cuaderno casi tímidamente.

."¿Vendrías conmigo?" Me preguntó nerviosa. Jugaba con un sobrecito de azucar, me miraba y no me miraba, respiraba fuerte.

No se porqué, quizás por...no, no lo sé... Pero le dije que no. Apesumbrado y confundido.

Quizás fue la peor decisión que tomé en mi vida. Y una de las primeras de una colección de peores decisiones que fui coleccionando a lo largo del tiempo.
¿Que hubiera ocurido si aceptaba?

Yo me quedé. Ella viajó.

El último día que la vi nos abrazamos...

"No dejes de escribir y cuidate. Llego y te escribo" me dijo.

Al mes me mudé de casa por lo tanto nunca supe si escribió a esa dirección y en esos años no existía esta tecnología por lo tanto perder de vista a una persona era muy común...

Me invadió la necesidad de escribir esta historia, tardé en hacerlo.

"No dejes de escribir"

Su voz la escuché en mi mente cuando surgió la idea de lo que estás leyendo ahora.

Miré su perfil de facebook. Las fotos con su familia. Dos libros publicados.

Acerqué mi dedo para enviar una solicitud de amistad, pero no lo hice. Apagué el celular, salí del bar y me dirigí al instituto para rendir mi final...

Miguel Morata