1000 hojas en mi mesa, 1000 palabras en mi pizarrón.
En mi casa, mil palabras escritas por todos lados.
Mil palabras se golpean en mi mente e intentan salir.
Ocurre que se presenta un sonido, una imagen, un detalle que disparó una sensación y las palabras entran a mi mente y me obligan a escribir.
¡No!, no me gusta escribír. Esa es la verdad. No intento mejorar, no me interesa.
No soy escritor y tampoco deseo serlo. Me es indiferente...
Ni cerveza ni café, pero vi su sonrisa y me obliga a escribir.
A la noche cuando estoy relajado las palabras se pelean en mi mente, me obligan a escribir una oración "perfecta" para que su sonrisa brille en ella y en realidad yo sólo quiero dormir.
Siempre me ha ocurrido que se cuele algo a mi mente para que las palabras entren violentamente, o la luna o una canción o un atardecer.
No me interesa escribir. A esa sonrisa no la quiero conocer...ni cerveza, ni café que la luna salga y enamore a otra persona, yo así estoy bien.
No me interesa. Yo quiero dormir, pero tengo que escribir porque una sonrisa me miró y no sé quién es.
Porque una sonrisa me miró...