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jueves, 25 de diciembre de 2025

El reloj que me había prometido.

Ni una menos (si sos víctima de violencia de género no te quedes callada. ¡Hacé la denuncia!
(Es una historia real. Actualmente ella vive en España. Me pidió que no la mencionara.)

EL RELOJ QUE ME HABÍA PROMETIDO

Era el 23 de abril del año 2000. 
Eran las tres de la mañana.
Era mi cumpleaños.

Estaba en mi habitación recostada en mi cama. Sabía que en cualquier momento él entraría y me regalaría el reloj que me había prometido para mi cumpleaños. Me besaría y tendríamos sexo. Sexo que yo rechazaba. Sexo obligado. Sexo que no sentía, que me asqueaba. No podía decir que no. Me violaba casi todas las noches.

Mi relación con él había comenzado hacía un año atrás. No sé como comenzó solo que se basaría en el sexo. El hecho de sentir que me tocaba me producía rechazo, diría más bien asco.

Cuando se iba a trabajar frotaba mi cuerpo varias veces con la esponja bajo la ducha para sacarme el sabor de su piel. Luego me secaba, me cambiaba y perfumaba. Sentía revivir.
Preparaba el desayuno para los chicos. Eran sus hijos. Pablo de 4 años y Leandro de 6 años.
Yo los cuidaba y los contenía. Solo me tenían a mí. Amorosos retoños que crecían en una familia sin amor y sin futuro.

Aprovechaba cuando llevaba a los chicos a la escuela para hacer las compras. Él no quería que saliera de la casa. Solía llamar por teléfono para asegurarse que estuviera dentro.

La casa era grande, impregnada de olor a humedad y cigarrillo. Él no quería que abriera las ventanas. Prácticamente no conocía el sol. Solamente algunas débiles lamparitas iluminaban tristemente el interior.
Me acostumbré con los chicos a mirar los dibujitos en la televisión. No tenía relación con el exterior.
Esperaba que las horas no pasaran. Que se detuviera el tiempo. Que él no llegara de trabajar o esperaba que llegara borracho para que durmiera toda la noche.

Mi corazón latía violentamente cada vez que me acercaba a las ocho de la noche pues era tiempo de descuento. Llegaría, me daría un beso en la boca, yo le serviría la comida, me volvería a dar unos besos a escondida de los chicos, me diría que yo era su mujer, que me amaba y a las 22 o 23 horas se acostaría a mi lado.
¿Cómo decirle que no?
Se pondría violento. Rompería cosas, me insultaría y amenazaría con matarme.
De igual forma. ¿A dónde podría escapar? ¿Quién me ayudaría?
Tenía mucho miedo. 
No sabía que hacer ni a quien recurrir y me encontraba dentro de un círculo vicioso.

Era el 23 de abril del 2000.
Eran las tres de la mañana.
Era mi cumpleaños.

Mi madre dormía en la habitación de arriba seguramente abrazada a una botella de whisky.
Mis dos hermanastros en la habitación de al lado.
La puerta de la habitación se abrió lentamente y entró mi padrastro sonriendo. Completamente desnudo se acercó a mi cama con una cajita en la mano. Seguramente era el reloj que me había prometido para mi cumpleaños.

Era el 23 de abril del 2000.
Eran las tres de la mañana.
Ese día cumplí 13 años...

Miguel Angel Morata


martes, 9 de diciembre de 2025

Tus ojos...

TUS OJOS QUIERO VER

Cuando yo muera quiero ver tus ojos.
No sé adonde iré.
No, no lo sé.
¡No!
Lo he pensado, que podría desear.
Yo solo los quiero ver.

Yo sé que llegará el final, llegará.
Todos mis proyectos ¿Para qué?
No sé adonde iré.
¡No! No lo sé.
El viaje será corto supongo.

Extrañaré mis libros, la poesía, el café, mis perros, mis sueños, la niebla en la mañana, la lluvia sobre nosotros.

Extrañaré la luna, la brisa que trae la lluvia, tu sonrisa, las estrellas.

Echaré de menos tus besos, tu buenos días, 
la sonrisa que me regalas cada mañana.

Yo quiero ver tus ojos. Cuando me despida y no vuelva más, yo los quiero ver.

No pido nada especial, no pido piedad, nunca me preguntaron si quería estar acá.
Nunca lo hicieron. 

Cuando se apague la luz y la poesía se rinda quiero ver tus ojos porque si no los veo yo los voy a extrañar.

 Miguel Angel Morata

jueves, 27 de noviembre de 2025

Déjà vu

¿Déjà vu?
Cuándo miro tus ojos abrazo tu alma

Nos chocamos en la calle. 
Me miró cómo queriendo decirme algo.
¿Nos conocemos? le pregunté.
Su mirada, asombrada y confundida, quedó congelada.

Entramos al bar.
Ordenamos dos cortados.
Me tomó de las manos.
Te voy a confesar algo,  dijo mirándome fijamente, siento que te conozco.

"¿Esto ya lo viví?"

La miré  a los ojos y por un momento abracé su alma.
No supe como fue, una sensación, un recuerdo, un déjà vu...no lo sé...

Ella sintió mi mirada.

Yo, en ese momento, dije algo casi imperceptible, como si recordara, algo que no quise decir, pero lo dijo mi mente. 
Mis labios se movieron, pero no los moví yo. 

¿Mi espíritu, tal vez?

"Es que cuando miro tus ojos."
"...abrazo tu alma..." contestó ella en forma casi imperceptible, como si recordara algo que no quiso decir, pero lo dijo su mente.

¿Su espíritu, tal vez?

Nos abrazamos con la mirada y ella sonrió...

Miguel Angel Morata

viernes, 21 de noviembre de 2025

Ayer doné sangre

Cuándo donas sangre te sacan menos de medio litro, 450 mililitros. Llegué, me senté en el sillón para luego poner la pava y me dormí, cuándo desperté no sabía que hora era, que día y si tenía algún compromiso. 😀 Prendí el celular y ahí reaccioné. Bajé a mis perritas y puse la pava. Después ya estaba al tanto. Una experiencia increíble. 👏👏👏👏👏Mica me mira pensando: "¿Qué hace?"

¿Es importante donar sangre?

Es muy importante donar sangre puesto que salvas vidas.
Yo sí he donado sangre.
Dónde lean esto les pregunto, yo he donado sangre...
¿And you?

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Efímeros instantes

Buenas noches. Si me permiten comparto esto que escribí hace tres años. Creo que todos hemos vivído efímeros instantes que por alguna razón que desconozco quedan en la memoria emocional.

Efímeros instantes que ocupan una eternidad en el tiempo…

Siete años atrás.
Una invitación. Una celebración. 

Estaba Ella y entre la música compartimos miradas. 

Se me acercó.

Me habló de su gusto por la poesía. Por la lluvia, las estrellas y el mar.

No me habló de su pasado.
No estaba anclada en un pasado tortuoso que no existía, porque lo que fue ya no es. 
Tampoco del futuro, porque lo que no es no existe.

De su presente. Sus proyectos, sus bebés y lo feliz que se sentía.

"Gracias por escucharme" me dijo.

Chocamos las copas y se fue. Nunca más la volví a ver.

Miguel Angel Morata