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viernes, 25 de mayo de 2018

Me han preguntado

Siempre me molestó que ellos me preguntaran...

A los 25 ellos me preguntaban cuando me iba a casar y porque no creía en dios.

A los 30 ellos me preguntaban cuando me iba a casar, tener hijos y porque no creía en dios.

A los 40 ellos me preguntaban cuando me iba a casar, tener hijos, cuando iba a escribir algo bueno y porque no creía en dios.

A los 50 me preguntaron cuando me iba a casar, tener hijos, escribir algo bueno, si le tenía miedo a la muerte y porque no creía en dios.

Nunca les contesté. No planeaba hacerlo.
De igual forma ya no puedo. Murieron en un accidente de tránsito.

Game over.
Bon voyage.

Miguel Angel Morata

miércoles, 9 de mayo de 2018

Última noche de invierno

"Mi amor...mi fe...instalarán en tu pecho una calma preternatural. Descansarán por mi cuidado...te pondrás mejor...y si no, Helen...si murieras...entonces al menos aferraría yo tu mano querida en la muerte, y gustosamente...¡Oh!, alegremente...descendería contigo a la noche de la tumba."
                  Edgar Allan Poe

"NO LA MIRES A LOS OJOS"

-Te pondrás mejor Virginia-le dijo.
Afuera las nubes, como furias salvajes, comienzan a devorar la luna.
-Yo sé que te pondrás mejor, ¿me escuchas?- sus ojos lo miran, pero yo no sé si lo miran.

Ella está recostada en la cama, apenas mueve los ojos. Ella está muriendo, desesperadamente resiste la embestida de la muerte. Él tiene fe, quizás pueda salvarse.

Afuera llueve torrencialmente y el viento golpea con furia los muros de la casona.
-Amor mío te pondrás mejor.- su corazón late con violencia- sí, yo sé que vas a sanar- se arrodilla en el piso, toma su mano y le implora 
-Virginia, por favor...escúchame atentamente, cuando la muerte golpee nuestra puerta no la dejaré entrar, ¡MI AMOR, NO TE DUERMAS!, escúchame por favor, si la muerte lograra traspasar los muros de esta casa no la mires a los ojos...

A los lejos escuchamos el galope de un caballo que se acerca.
-Amor mío, ¡Quizás puedas escapar! Tal vez la muerte distraída no te vea. 

Sus ojos lo miran, pero yo no sé si lo miran. Su alma grita y rompe en llanto.
-No te duermas amor mío, quédate tranquila que mi amor y mi fe te salvarán.

TOC TOC TOC

Se acerca a Virginia, toma su mano y la acaricia suavemente.
-Allan, no te preocupes por mí, yo voy a estar bien.- susurra débilmente y él se durmió.

"...No la mires a los ojos..."

Virginia Clemm murió de tuberculosis el 30 de enero de 1847.
Su esposo moriría dos años después en extrañas circunstancias, el 5 de octubre de 1849 encontraron a Edgar Allan Poe tirado en las calles de Baltimore con los ojos cerrados. Se negaba a abrirlos. Dos días después murió gritando el nombre de Virginia.
© Miguel Angel Morata

martes, 1 de mayo de 2018

El Pata de Lana I

No tiene nombre, no tiene lugar, es escurridizo.
Él está al acecho escondido en el follaje.

Lleva piedritas en el bolsillo.

Encendé la luz. Mirá. Fijate.

El Pata de Lana está atento para ingresar a tu domicilio...

© Miguel Angel Morata

sábado, 28 de abril de 2018

Murió sin nombre

El colectivo chocó, se prendió fuego y murieron todos los pasajeros. Ocurrió a las 16 hs sobre la ruta 3 en el kilómetro 29.
Ella subió diez minutos antes...
Había perdido las llaves.Las buscó desesperadamente. La encontró tirada en el piso junto al puesto que vende garrapiñada. Si hubiera tardado un poco más hubiera salvado su vida.
Sacó el boleto con la sube.
Mientras caminaba hacia la parte de atrás del colectivo comenzó a sentir pesadez y olor a azufre. Ella se dio cuenta que algo no funcionaba bien. No era como todos los días...
Miraba a la gente que estaba ajena a esas sensaciones.
Iba a buscar a su hijo de siete años a la casa de su mamá.
El colectivo chocó, no sé con que, en forma vieolenta.
Comenzó a prenderse fuego...
Gritos desgarradores...la gente sufría...lloraba...
Ella intentó salir por una ventanilla que no se pudo abrir en forma completa.
Cuando la abrazó el fuego, no sé porque pero pensó en las llaves...
No se sabe su nombre...la sube no estaba registrada...
Murió sin nombre...
Quedó calcinada...
Yo salí caminando, no me detuve. Mi compañera me esperaba debajo del puente. Nos tomamos el otro colectivo, teníamos que ir a buscar a una señora que estaba cuidando a su nieto...

© Miguel Angel Morata

sábado, 21 de abril de 2018

¡Volvió!

Bajé del colectivo sobre ruta 3 en Isidro Casanova. La noche estaba más oscura que de costumbre.
Tuve que caminar dos cuadras para cruzar el puente peatonal...
A esa hora había poca gente en la calle. Un par de estudiantes que caminaban rápido escapando del frío...un par de fisuras tirados en una esquina...un malandra  buscando a alguien a quien afanar...

Yo caminaba hacia el puente preguntándome porque motivo recibí esa invitación por mail ¿Se habrán equivocado? 

Absorbido por mis pensamientos miré casualmente a una mujer mayor que estaba parada sobre la colectora. Me miraba fijamente, levantó la mano derecha y con el dedo índice señalaba el puente peatonal y movía la cabeza hacia ambos lados diciéndome: "NO..".(Claramente me decía que no vaya hacia allí).
Le resté importancia, pero cuando estaba por subir al puente algo me llamó la atención provocándome angustia e inquietud. Desde dentro del colectivo 88 que se detuvo en el semáforo un hombre gritaba detrás de la ventanilla...gritaba desesperado señalando el puente, hacía muecas indicándome que no valla hacia allí. Lo curioso es que sus movimientos eran lentos...
La gente que estaban en ese colectivo no lo miraban...él me gritaba desde ahí dentro...hacía señas, muecas desgarradoras, grotescas...
Se me puso la piel de gallina...
¿Enloquecieron todos en este lugar?, pensé.
La luz verde hizo que el colectivo avanzara sobre la ruta y el señor se fue perdiendo...

Comencé a subir hacia el puente y alguien me susurró que no lo hiciera...
Me di vuelta, pero no había nadie detrás de mí...

Tuve que subir...


©Miguel Angel Morata

domingo, 1 de abril de 2018

La cantina

Ya no queda nadie...
La cantina esta vacía
Las mujeres y los imbéciles ya no están, ellos sobran.
Estoy  yo y faltas vos.
Y los recuerdos que se duermen.
Cierran los ojos.
¡Apurate!
Abrió la puerta hasta que llegues.
Hay un micrófono y una guitarra para vos.
La cantina está abierta y somos los únicos invitados.

Estoy yo y faltas vos.
Y los recuerdos que se duermen, que se duermen, cierran los ojos.

Te espero...

sábado, 17 de marzo de 2018

El paraguas de Mc Tirman

Fui al hospital para ver a una amiga que estaba internada.
Cuando me estaba yendo veo apoyado sobre la escalera en planta baja junto a una camilla un paraguas.

Hermoso y reluciente.

Me pareció extraño verlo abandonado en ese lugar.

"Nadie lo va a extrañar si me lo llevo." pensé.

Cuando llegué a mi casa lo dejé detrás de la puerta de calle.

Nunca lo imaginé.
No lo sabía.

Eran las tres de la mañana que unos golpes de dedos tamboriliando sobre la mesa me despertaron.

Encendí la luz, me levanté y sigilosamente me asomé al comedor para poder ver quién estaba.

Pero yo vivo solo.

"Habrá sido una pesadilla", pensé.
Cuando me di cuenta el paraguas estaba sobre la biblioteca.

"Lo habré dejado en ese lugar y lo olvidé."

A la noche siguiente, a las tres de la mañana alguien tiraba de mis sábanas.

Se me puso la piel de gallina, cerré los ojos con terror y ahí fue cuando escuché esa voz potente que retumbó como un trueno en la habitación.

"EL PARAGUAS ES MÍO"

Volví al hospital y dejé el paraguas donde lo había encontrado.
En el mismo lugar.

Miré confundido hacia todos lados y me acerqué a una enfermera.

"Perdón, le hago una pregunta ¿De quién es ese paraguas?"

La enfermera me miró, dudó.

"Ese paraguas hace mucho años que está ahí, le pertenecía a un paciente que falleció.

Varias veces se lo han llevado, inclusive compañeros mios, pero lo regresan espantados, nadie lo toca, nadie lo bota.

Yo no lo toco, no lo miro, le pertenece a Mc Tirman."

Miguel Angel Morata