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sábado, 24 de febrero de 2018

La luna y yo

Cuando era chico y me acostaba de noche para dormir mi abuela venía a darme un beso en la frente de las buenas noches.
Una noche dejé entrar a la luna que veía asomarse a través de las cortinas de la ventana. 

¡No, no la iba a dejar afuera!

Me paraba sobre la cama y corría las cortinas. Y la miraba...la miraba...y dormia con su luz. Yo además de mi familia también me crié con Salgari, E.A.Poe, Dostoyevsky, Cortázar entre otros. Así que, deslumbrado, miraba la luna creando historias que nunca  iba a escribir.

Con el tiempo la casa se hizo más grande y ya no estaban ni mis padres ni mis hermanos ni mi abuela. Al crecer la ciudad se convirtió en una furia. Pero no importa la edad que tengas a veces, solo a veces, rememorás ese tiempo cuando tu familia estaba a tu altededor.

Hoy la luna sigue visitándome. La veo asomarse tímidamente, cree que al crecer me he olvidado de ella...

¡No, no la voy a dejar afuera!   

Corro las cortinas y la dejo entrar. Y me duemo mirándola creando historias que nunca voy a escribir. 

¡No, no la voy a dejar afuera!

Me duermo con ella empapándome con su luz haciéndome sentir como cuando mi abuela me daba un beso en la frente antes de dormir.

Somos viejos conocidos. Sé que me va a venir a visitar hasta en mi última noche en la tierra.

©Miguel Angel Morata

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