Noche. San Telmo. Ella y yo.
Nuestras sombras se alargaban por la calle enpedrada.
"Supe que eras un mentiroso desde el momento en que te vi."
Nuestras miradas se encontraron.
Yo sonreí.
"Sumamente adorable" pensé.
Silencio...
La luna se reflejaba en sus ojos.
"No dejes de llamarme." susurró mientras se alejaba sonriendo...
Muy pequeño y divertido, Morata, aunque las sombras fueran largas.
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