Hace unos años una mujer me hizo senti debastado. Avergonzado sentí algo que me dejó vacío.
No sé como definirlo, pero quería que la tierra me tragara y eso que estaba en el subte...
2018
Vajaba las escaleras de la estación del subte y noté que abajo había una mujer en silla de ruedas, su amiga hablando con el hombre de seguridad para ver como hacían para subir la silla por la escalera hasta la calle...
Pasé a su lado y la miré. ¿Cómo explicarte algo que te atraviesa y no sabés por qué?
Ella en silencio, la amiga hablando con el señor de seguridad.
Me detuve frente a ella. La miré enamorado e hice la pregunta más estúpida del mundo.
Nunca hay que preguntar "¿Necesitas una mano?"
"Te doy una mano", así se dice...
Mis ojos se llenaron de miel y dije:
"¿Necesitas una mano?"
En sus ojos percibí angustia, frustración, tristeza. Elevó la voz y dijo:
"¡NO NECESITO UNA MANO, NECESITO DOS PIERNAS!"
¡Ayyy!, quedé inmovilizado; no supe que decir, de hecho no hablé.
No sé que cara habré puesto. Miré a la amiga compungido.
(¿Qué le habrá ocurrido para estar sentada en esa silla?, pensé.)
La amiga y el de seguridad comenzaron a subir la silla y yo no podía moverme. Los seguí con la mirada.
Antes de desaparecer de mi vista mientras la iban subiendo me miró, extendió el brazo, me señaló con un dedo y con la sonrisa más linda del mundo gritó:
"¡DISCULPÁ MI HUMOR NEGRO!"
Yo no dije nada. Seguía congelado.
Finalmente subí al subte...
Hoy me doy cuenta que debería haberme acercado para darle mi teléfono: "Me gustaría conocerte. Este es mi teléfono, tal vez aceptes tomar un café algún día."
El subte partió y dentro de él viajaba un tipo que perdió un poco de su corazón.
"Si la casualidad hace que leas esto. No lo olvides, estación de subte "Piedras". 2018. escribime aquí..."
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