CAPITULO UNO
Él no lo sabe, pero dentro de una hora va a morir. Son las 18 hs y Hugo Herrera está llegando a su casa, camina las 17 cuadras de la escuela secundaria donde está cursando quinto año.
Camina junto a su novia Alejandra Montiel, está muy entusiasmado porque se inscribió en la facultad para estudiar veterinaria, y además contento porque su mamá también es feliz sabiendo que a su hijo le va a ir bien.
María es una buena mujer, después de la muerte de su marido, quedó muy deprimida y esto es una apuesta al futuro, en realidad Hugo es su apuesta a seguir viviendo; si algo le pasara, pensó una vez, ella moriría.
Su vida siempre fue muy difícil, ella es huérfana, sus padres murieron en un accidente de tránsito cuando tenía 5 años, su tía la adoptó recibiendo maltratos de parte de ella y abusos sexuales de parte de su tío. A los diecisiete se casó con Raúl y tuvo su primer hijo dos años después, quien viviría solamente 7 años muriendo ahogado en una pileta. Nunca se recuperó de la muerte de Nicolás, pero su apuesta al futuro fue cuando nació Hugo, con él volvió a vivir.
Ella está preparando la merienda, calentando la leche y haciendo unas tostadas, sabe que Alejandra va a visitarla, y es una chica que a ella le gusta mucho.
Son las 18 y 30 hs., dentro de media hora Hugo va a morir, y la vida de ellos cambiará para siempre.
María le dió de comer a coco, el perrito de su hijo, él lo recogió de la calle, era un cachorrito recién nacido, le tuvieron que dar la mamadera, al principio ella no quería, pero se encariñó y recordó que a Hugo le gustan los animales y que va a ser veterinario, pero se equivoca, son las 18 y 45 hs, cuando Hugo y Alejandra crucen la calle un camión se quedará sin frenos, Hugo resignado verá al camión de frente sin llegar a reaccionar, Alejandra se tirará a un costado salvando de esa forma su vida.
A María le dirán que Hugo no sufrió, le mentirán que murió en el acto, lo velarán a cajón cerrado.
Hugo quedó varios minutos vivo, sus ojos buscaron a Alejandra, ella corrió hacia donde estaba él, la miró, trató de mover su mano hacia donde estaba ella, cuando Alejandra llegó Hugo ya había muerto. Un hombre que pasaba por allí tomó de los hombros a Alejandra y con fuerza la abrazó para que ella no viera los restos de su novio desparramados por la calle.
María estaba rezongando porque la leche se enfriaba, prendió la televisión y se limitó a esperar hasta que sonó el timbre, se levantó de su sillón para abrir la puerta. Cuando la abrió no había nadie, solo sintió una leve y muy cálida brisa, casi imperceptible, que atravesó su cuerpo y entró a la casa. Ella no necesitaba que nadie le avisara, sus ojos se llenaron de lágrimas, María sabía lo que había ocurrido, porque una madre cuando ama profundamente siempre es capaz de reconocer el alma de su hijo en una suave y casi imperceptible brisa de primavera.
“María murió cinco años después, no pudo superar la muerte de Hugo; los médicos dicen que murió de una enfermedad rara, ella murió de tristeza, yo lo sé.
Alejandra con el tiempo rehízo su vida, a María la visitó durante el primer año, después Darío, su nuevo novio, le prohibió que la frecuentara.
Darío se separó de Alejandra luego de dos años de noviazgo. Se casó con una mujer a la que amó profundamente, tuvo una vida feliz y murió a los ochenta y un años rodeado de sus nietos e hijos.
Alejandra hoy está sola, y morirá dentro de cinco años, a los veintitrés: se pegará un tiro en la cabeza.”
Y yo estoy aquí esperándolos a todos ustedes, ese es mi trabajo.
La Muerte
(Firma manuscrita)
© Miguel Angel Morata